domingo, 10 de junio de 2007

Y es que no se puede abarcar todo...

Intentamos estar al día: visitamos museos, galerías, miramos catálogos, nos compramos revistas, billetes Easy-jet para luchar contra nuestro localismo, leemos sobre lo que nos perdimos y buscamos otras perspectivas de las cosas que vimos... Pero al final, sucede que no tenemos superpoderes y que a pesar de internet no podemos estar en dos sitios a la vez y nuestra mirada sigue abarcando un ángulo de 240 º.

Ayer me compré Exit Express, número que recomiendo muchísimo pues hace un recorrido por Kassel, Venecia y Münster; adelántandonos nombres, piezas y polémicas. Además de ésto, encontramos la habitual seccion de reseñas de exposiciones europeas. Entre ellas, un artículo muy interesante sobre la exposición de Martin Creed en la galería Hauser & Wirth Coppermill de Londres . Todo funciona hasta que después de leerlo me quedo con la sensación de que yo no he visto la misma exposición.

Y es que, en este caso exposición e inauguración no son la misma cosa y la diferencia no está ni en la cerveza gratis ni en la cantidad de personas por metro cuadrado.

La inauguración del 4 de mayo fue el evento:
Una sala oscura llena de visitantes apelotonados alrededor de una banda de música. Ésta dispuesta en fila india y capitaneada por un maestro de ceremonias muy elegante. Suena una melodía ascendente donde los músicos van tocando por estricto orden, de manera que nos quedamos con la sensación de que el sonido se pasea por la sala de izquierda a derecha y de derecha izquierda. Melodía al compás de una proyección gigante y en B/N donde un primerísimo primer plano nos confunde y de tanta cercanía, no sabemos lo que vemos. ¿Un falo masculino sodomizando a un otro?, ¿a una otra?; ¿un falo masculino penetrando una vagina? Lo que queda claro es el erotismo burlón con que el movimiento juega al compás de la música: delante-detrás-delante-detrás. De golpe, las luces se encienden y nos quedamos en silencio. La banda desaparece y el vídeo se desintegra en la luz. Nos quedamos en una sala demasiado grande y demasiado llena de espectadores risueños como para prestar atención al resto de piezas. Nadie se pasea por la sala, estupefactos, esperamos 5 minutos para volver a ver el show.

A partir del 5 de mayo y hasta el 29 de julio, queda lo que queda:

La banda de música ha desaparecido y en lugar de ello nos queda solamente un piano y un pianista tocando en un rincón. Se pueden oir intérvalos de música todavía ascendentes que hacen de banda sonora del mismo video. Un dueto que ha perdido pregnancia y es que.... no se puede comparar la fuerza, no solo acústica sino escultórica de una banda de música. Y perdiendo ésto, es cuando el resto de piezas tienen una oportunidad. Solo entonces, en ésta segunda visita, pude descubrir de lo que hablaba el artículo de Exit Express: una viga en medio de la sala, un mini neón de luz intermitente donde se lee "friends", un dibujo pequeño del rostro de una mujer, una serie de clavos insertados cada uno más profundamente que el otro, un pequeño lienzo con una escalera....

Y viene cuando me doy cuenta que éstas piezas, que en la inauguración pasaban desapercibidas, siguen funcionando como contexto de la pieza principal. Sucede que, después de la inauguración, ésta casi ha desaparecido.
Un tema económico, desde luego. Hay que tirar por la solución barata pues no se puede pagar una banda de música para que cumpla el amplio horario de la galería. Pero claro, de una señora performance en la inauguración, hay que conformarse con una adaptación de serie B. Así que si no llegas a tiempo, tú te lo pierdes.

2 comentarios:

mariona dijo...

bueno, es lo que ocurre con todo tipo de acciones, performances y demás, no?
Lo que cabría valorar es si vale la pena o no hacer la adaptación de serie B que tu dices o dejarlo como un único evento aunqué llege a mucha menos gente.

marta dijo...

Es interesante pensar la acción como algo pasajero, pero da rabia perder la oportunidad de compartir la experiencia. Claro que cómo se puede perpetuar la emoción del momento? Sería posible no decepcionarse?